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dissabte, 31 de març del 2018

El conflicto catalán según Enrique Gomáriz Moraga ( y IV)


En cuanto al primer apartado, nos dice lo siguiente: "el constitucionalismo apostó por la posibilidad de que la aplicación del artículo 155 relajara la insoportable tensión sociopolítica existente, hasta tal punto de que el voto constitucionalista saliera a manifestarse". ¿De dónde saca semejante afirmación?  Utilizar el verbo "relajar", después de lo sucedido el 1-O, parece una burla. Probablemente, Gomáriz no se informo del todo sobre lo sucedido el 1-O. Esos dos millones de votantes los sitúa en el bando del "victimismo y al numantinismo político". Calificativos que pretenden estigmatizar a esos votantes que fueron objeto de agresiones desproporcionadas y salvajes por parte de la policía.  Habla del poco tiempo en la aplicación del artículo 155 para que tuviera el efecto "relajante del regreso a la normalidad". ¿No sé da cuenta Gomáriz que la aplicación del 155 supone todo menos normalidad? Destitución del Gobierno de la Generalitat, destitución de la Presidenta del Parlament, prisión para los representantes de la ANC y Omnium Cultural, exilio forzoso. Nada de todo esto nos dice Gomáriz. No debe parecerle anormal.



Los medios. Aquí echa mano de uno de los tópicos de estos últimos tiempos. TV3, Catalunya Radio y "el uso de las TICS han sido claves en la campaña del independentismo".Al parecer Gomáriz se olvida de mencionar todas las televisiones, públicas y privadas que se pueden ver en Cataluña. ¿Por qué es más eficaz TV3 y no TVE? Ambas están a un clic del mando a distancia. Se da por determinado que TV3 tiene un poder maléfico que no tiene ninguna de las cadenas de ámbito estatal. El mantra de la derecha es que TV3 es literalmente el mal que hay que erradicar. Los telespectadores son literalmente abducidos por sus programas para asimilar los mensajes del independentismo. Parece claro que Gomáriz no ve Tv3 y sólo de oídas habla. Si no hablara  TV3 del independentismo ¿quién iba a hablar?


Gomáriz siguiendo el libro de estilo de la derecha se permite hacer una analogía entre los medios catalanes y como el nazismo y el fascismo también lo utilizaron. Es una indecencia hacer comparaciones entre una sociedad como la catalana con todas las imperfecciones que tiene, y los nombres de personajes infames en la historia universal. Esta comparación desacredita a quien la propaga.

Como esa ciudadanía activa no es de fiar, sobre todo la ciudadanía independentista, tiene que echar mano de un elemento emotivo.  De esta manera vuelve a desacreditar al 47% del electorado. Debo suponer que desde el bloque del 155, nadie actúo por motivos emocionales, sino puramente racionales.

Para echar más cal al voto de la ciudadanía activa -independentista-, se le califica de voto duro, frente al voto blando. Afirma que la mayoría silenciosa no acabo saliendo, a pesar de que la participación estuvo cercana al 80%. Gomáriz debería afirmar que la ciudadanía formal es ese 20% que se quedo en casa. El resto si salió, incluidos los del bloque constitucionalista.



Hacía el final del artículo aparece la figura de Inés Arrimadas que ha sabido utilizar "la idea del voto útil y firme contra el nacionalismo". ¿Es ella y todos aquellos que la votaron, esa ciudadanía sustantiva con la que sueña Gomáriz? 

divendres, 30 de març del 2018

El conflicto catalán según Enrique Gomáriz Moraga (III)


Nada dice de la intervención de la Generalitat mediante la aplicación del art.155, novedad inédita que los propios padres de la Constitución no supieron como implementarla y que el PP se ha permitido hacer su propia reforma constitucional. Nada dice de la violencia ejercida por "fuerzas  expedicionarias" para reprimir la participación ciudadana. Cerca de dos millones de ciudadanos, fueron ninguneados y apaleados y su delito era participar  en un acto que desde el Gobierno Central, se califico de delito. Gomáriz no es capaz de entender que esa represión ha sido un punto de inflexión de estos dos millones de ciudadanos, a los que nos sitúa en esa ciudadanía activa. Gomáriz no ha visto que el objetivo de todos estos movimientos, muchos de ellos demasiado precipitados, era saber la opinión de la ciudadanía, de todo ella. Sin embargo, el Gobierno Central se ha obstinado en rechazar semejante consulta. La Constitución permite la celebración de dichas consultas. Nada de esto nos dice Gomáriz.

(Millo justifica la acción policial: 
Nos obligan hacer lo que queríamos hacer)


Por último, ¿cómo evaluar el papel de los diferentes tipos de ciudadanía en relación al 21-D? De su análisis afirma "el incremento de la polarización en el cuadro electoral". ¿Había polarización cuando las opciones eran PP y PSOE? En contiendas electorales siempre hay polarización, pero el autor quiere sugerir otras realidades. No explica él porque del 21-D. No dice nada del desmantelamiento de la autonomía catalana en virtud del 155. ¿Cómo no iba haber polarización?



Gomáriz, nos explica las claves, según su parecer, de las elecciones del 21-D en base a tres aspectos importantes que se dan en cualquier consulta electoral:  la primera es la estrategia, la segunda, los medios de comunicación y en tercer lugar, la respuesta de la ciudadanía.

dijous, 29 de març del 2018

El conflicto catalán según Enrique Gomáriz Moraga (II)

Al parecer de Gomáriz, esa ciudadanía formal, se dejo seducir por las soluciones fáciles y "extremas". El resultado de este proceso, ha sido "el debilitamiento de la defensa de ese elemento crucial [la soberanía popular] que caracteriza el contrato sociopolítico recogido en la Constitución española". El autor no retrata todo el cuadro: la corrupción de la clase política de todos los partidos con responsabilidad ejecutivas, sean el PSOE, PP, CiU. Nadie escapo a esa lacra que todos sabían pero que eran incapaces de hacer frente. Además del deterioro de la institución monárquica, de la mano de Juan Carlos I, que finalmente tuvo que abdicar para salvar la institución que es el legado personal de Franco al futuro.



Según Gomáriz, "el independentismo catalán subraya que representa la mejor expresión de una ciudadanía democrática". Gomámiz, pone en solfa a dicha ciudadanía. Utiliza las palabras de Marta Rovira de ERC como quintaesencial de "una forma superior de actuación democrática". Califica esa idea como "supremacismo" frente a las opciones  del bloque constitucional.

Habla de drama catalán. No sé, si esa es la palabra. El drama es ante todo de los representantes del independentismo que por obra y desgracia del artículo 155, ha puesto en la picota a los mencionados representantes, empezando por el propia President de la Generalitat, Carles Puigdemont. Y todos los que en virtud de una interpretación surrealista del Magistrado del TS, Pablo LLarena, ha instalado a todos ellos, y por extensión a la mitad de la población que opta por partidos independentistas. Las resoluciones del Magistrado, rayan  directamente en la prevaricación, negando por ejemplo, el derecho de los detenidos a presentarse en el Parlament. Llarena, se ha erigido en portavoz del Parlament de Cataluña. Nada de todo esto se menciona en el artículo de Gomáriz.


Según él, en el drama catalán existen dos componentes: por un lado un "empate sociopolítico" entre independentistas y quienes lo rechazan. El hecho de que en el Parlament exista mayoría independentista, le permite hacer una extraña pirueta al afirmar que eso es así por "sus características orgánicas y territoriales". Habría que decir que la ley electoral, es exactamente igual a la que le permite gobernar al PP o al PSOE. En esos casos, nadir dice nada sobre esas "características". Uno de los problemas es precisamente una ley electoral que sea más permeable a la diversidad. Los partidos hegemónicos nunca han estado interesados en cambiarlos.


El otro componente del "drama" es el distinto papel de la ciudadanía. Gomáriz construye su relato para afirmar, que la existencia de una sociedad formal, pasiva y desinteresada y por otra, una ciudadanía activa que identifica sin más al nacionalismo, tendría que especificar a qué tipo de nacionalismo se refiere, pero es obvio que para el artículista, solo hay un nacionalismo que es el independentista. Esa ciudadanía activa lo es según él, porque es "espoleada por los líderes políticos independentistas". Estos que precisamente están encarcelados. Buscando una vía virtuosa saca a colación a esa ciudadanía sustantiva, que se ve sometida por los dos extremos, según nos cuenta Gomáriz.



Gomáriz se permite descalificar por poco democrático a esa ciudadanía activa identificada exclusivamente por los independentistas, sólo el 47% de la población. ¿Se ha preguntado Gomáriz porque está desafección del 47%? Gomáriz descalifica las acciones que se llevaron a cabo para poder participar en el referéndum de 1-O. Todos los que fuimos a votar somos descalificados sin más. Nos somos esa ciudadanía sustantiva. El problema de Gomáriz, es que la invención de esa ciudadanía le permite destilar la idea que existe una amplia mayoría silenciosa que aún no ha dicho la última palabra.



dimecres, 28 de març del 2018

El conflicto catalán según Enrique Gomáriz Moraga (I)


Quisiera  comentar el artículo de Enrique Gomáriz Moraga, aparecido en la revista Claves de razón práctica nº257, de  marzo/abril 2018, titulado "La crisis catalana como déficit de ciudadanía democrática (pág.58-67)

El texto se presenta como un estudio desapasionado, pues, el articulista, "reside en América latina", y trata de comprender lo que está sucediendo en el conflicto España vs Cataluña. El resultado no es neutro.

El objeto del análisis se centra en el papel de la "cultura política o el comportamiento de la ciudadanía". Da  por supuesto que existe un desgarro en la convivencia catalana. Esa convivencia según nuestro articulista se fundamentaba en la Constitución.

Los partidos políticos que aspiran a la independencia o "secesionistas" como él los califica habrían impugnado  ese consenso que se fundaba en la Constitución. Así, por ejemplo, se trocearía la soberanía del pueblo español, en beneficio de la ciudadanía catalana.

Gomáriz se pregunta por qué " la ciudadanía del resto de España no ha expresado y defendido directamente su derecho a decidir conjuntamente sobre los asuntos claves del sistema democrático, incluyendo el conjunto del territorio  español".

¿Quién defiende la democracia, si la ciudadanía no parece hacerlo? Como el mismo dice "emerge la duda acerca de la calidad de la ciudadanía, tanto en Cataluña como en el resto de España".



Gomáriz utiliza una distinción para medir esa calidad de la ciudadanía al  establecer tres  tipos (tipología) de ciudadanía. La ciudadanía formal aquellos que "no se asumen como sujetos de derechos, que no siguen ni les interesa la política". La ciudadanía activa "aquella que participa regularmente en la cosa pública, con frecuencia como minorías activas". En tercer lugar, aparece la ciudadanía sustantiva -parece que al articulista es la clase de ciudadanía ideal-, aquella "que se siente sujeto de derechos, entiende y respeta las reglas del juego democrático, pero no participa activamente en política, a menos que exista una situación grave que lo exija".

Con relación a la primera, el articulista se queja que una parte importante de la sociedad española actúa como ciudadanía formal.

Establece antecedentes para explicar esta cuestión -la baja calidad democrática de la ciudadanía-, en la órbita del problema de Cataluña: lo que él llama "la concesión al soberanismo en torno a la reforma del Estatuto de autonomía de 2006 y la crisis social que provocó la profunda depresión económica iniciada en 2008 y que puso en cuestión parcialmente el contrato social consignado en la transición treinta años antes".



El autor olvida que la reforma fue ampliamente consensuada por las fuerzas políticas del Congreso, ratificado por un referéndum, del pueblo de Cataluña. Al PP le sirvo su ataque para desacreditar al PSOE y de paso ampliar su imagen de guardián de las esencias patrias.  La crisis que tenía causa externa, el PP de manera frívola e irresponsable, la califico de crisis de "Zapatero". Esta crisis económica sin precedentes hizo aflorar un movimiento de protesta como el 11-M y Podemos, mientras que las formaciones clásicas, seguían ancladas en mantener el statu quo . Quienes impugnaban el modelo se les califico de "populistas".