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dimarts, 3 de gener del 2023

Reseña: El naufragio de la civilización (III)

 


Junto al “príncipe Chawqi”, resplandecía Taha Hussein, “apodado ‘el decano de las letras árabes’”. (pág.31) Ciego a causa de la pobreza, se convirtió en el “intelectual egipcio más respetado de su época” (pág.31). Reivindicaba la historia como herramienta científica frente la tradición acrítica. La publicación de una obra que hablaba de poesía preislámica. Provocó su suspensión de la Universidad de El Cairo. El gobierno rechazo la sugerencia del Gran Iman al-Azhar para que lo procesasen, el gobierno situó el debate dentro del ámbito académico. Llegó a ser rector de la Universidad de Alejandría, y ministro de Educación, entre 1950 y 1952. “Una de las primeras decisiones fue la de implantar la gratuidad de la enseñanza”. (pág. 32-33).


Que un intelectual, agnóstico, pudiera ascender en el ámbito cultural e intelectual, dice mucho de su valía personal, pero también, de la época en la que le toco vivir. Amin Maalouf, no cita datos que expresan una vitalidad cultural que desgraciadamente se fue disolviendo en la nada. Así, la Opera del Cairo se estrenó en 1871 Aida de Verdi; nombres como “Youssef Chahine o de Omar Sharif, dos libaneses de Egipto que el cine egipcio lanzó al escenario mundial; citar a los numerosos especialistas que certifican que la escuela de medicina de El Cairo fue, durante un tiempo, una de las mejores del mundo…”(pág.33).  El Cairo, en esa época, bullía en lo artístico, pero también en el ámbito del consumo donde destacaba con luz propia los almacenes Cicurel de El Cairo “que valía tanto o más que los almacenes Harrods de Londres y las Galerías Lafayette de París” (…)” (pág.33)


La ciudad de los padres de Amin Maalouf, el Egipto de aquel tiempo, “dejó de ser lo que había sido y dejó de  prometer lo que parecía haber prometido” (pág.34). Esto demuestra que no hay nada que perdure, que siempre puede haber cambios que vayan en dirección diametralmente opuesta a la esperada. En ese Egipto, la religión estaba compartimentada, no regía la vida de los ciudadanos en el orden público, a pesar de su evidente importancia, sin embargo, la deriva antioccidental, hundió esa vitalidad que Amin Maalouf rememora en el recuerdo de sus abuelos y padres.

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“Cuando enterraron a mi abuelo, en los primeros días de enero de 1952, en el cementerio maronita de El Cairo, las calles estaban tan apacibles como de costumbre, incluso aunque la tensión les resultase perceptible a quienes supieran notarla” (pág.35)


La tensión de la que habla Amin Maalouf, hace referencia a las disputas entre británicos y el gobierno egipcio, cuya permanencia en el canal de Suez, “no encajaba con la soberanía del país y que la población local toleraba con dificultad”. (pág.35)


El gobierno sometió al Parlamento, la derogación unilateral del tratado por les obligaba a tener en el Canal, fuerzas británicas. Eso ocurría en octubre de 1951, una explosión de jubiló por parte de la población. Sin embargo, el gobierno británico no tenía pensado abandonar la posesión valiosísima del Canal. La respuesta del “nuevo” primer ministro, Winston Churchill, fue reforzar la presencia militar en el Canal.


El primer ministro egipcio, Nahhas Pachá, también eterno dirigente egipcio, partidario de una democracia parlamentaria, no quería un enfrentamiento directo, pero tampoco quería dar marcha atrás por miedo a que le pasaran por encima fuerzas más nacionalistas e intransigentes. 


La estrategia utilizada por los egipcios fue lo que diríamos hoy, imaginativa, empezaron a cambiar los nombres de avenidas y calles, que fueran de británicos, empezando en Alejandría, nombres como  Kitchener o Allenby. En El Cairo, reconvirtieron clubs privados en parques públicos. 


También hubo acciones más arriesgadas y peligrosas contra instalaciones británicas. El gobierno dejó hacer a los jóvenes nacionalistas realizar esas acciones armadas. La respuesta británica se concreto el 25 de enero de 1952, asaltaron “los edificios de la policía, en Ismailia, en la orilla occidental del Canal. Fue una batalla en toda regla que duró varias horas y cuyo saldo fueron más de cuarenta muertos egipcios y un centenar de heridos. Cuando la noticia cundió por el país, toda la población reaccionó con rabia”. (pág.38)


La respuesta no se hizo esperar y el sábado, manifestantes que se fueron concentrando en las calles del El Cairo, empezaron a “destrozar y a incendiar las empresas britanánicas más visibles, tales como el banco Barclays, la agencia de viajes Thomas Cook, la librería W.H.Smith, el Turf Club o el hotel Shepheard, fundado cien años antes, que había utilizado como cuartel general el ejército inglés y seguía siendo uno de los más lujosos del país” (pág.38)


Los manifestantes acabaron por atacar cualquier lugar donde los occidentales se daban cita, sea, restaurantes, bares, clubs, y también los almacenes Cicurel, al terminar la jornada el balance de muertos ascendió “alrededor de treinta muertos, más de quinientos heridos y cerca de mil edificios incendiados. Todo el centro moderno de la capital estaba destruido”. (pág.38)


La responsabilidad de lo sucedido sigue siendo una cuestión debatida, según una versión, los amotinados no tenían consignas, sino que la vorágine de la violencia y la destrucción escapo de las manos, convirtiéndose en una masa destructiva y ciega. Para otros, si había una “mano invisible” que tenía claro los objetivos. En la dinámica de protestas se pasó de las críticas al gobierno inglés al egipcio, también contra el rey Faruk.


Nahhas Pachá, se vio impotente y sorprendido por la violencia de las manifestaciones y su pasividad le obligó a dimitir. Esos acontecimientos, pusieron en marcha movimientos que dieron lugar medio año después a una revuelta de “oficiales libres” (pág.39) que obligo al rey al exilio. Se estaba configurando el futuro ante dos fuerzas nacionalistas que impugnaban “la sociedad cosmopolita anterior” (pág.40). Los Hermanos Musulmanes, con amplios apoyos sociales y las fuerzas armadas de la mano del nuevo hombre fuerte, Abdel Nasser. Como dice Amin Maalouf,   la consecuencia fue que “la antigua clase dirigente entera la que iba pronto a salir del escenario mientras la abucheaban; y de forma definitiva” (pág.39).


El ascenso de Nasser, puso en marcha un proceso contra los emigrantes que tenían raíces en Egipto, como los padres de Amin Maalouf. Confiscaciones, expropiaciones, nacionalizaciones, fueron las armas que se utilizó para indicar la necesidad de salir del país, que antes era el suyo. 


“Mi abuelo había muerto antes del incendio del El Cairo y la revolución, pero sus herederos, a no mucho tardar, tuvieron que liquidar de mala manera, por una parte mínima de su valor, las propiedades que les había legado. Para dejar luego su Egipto natal y dispersarse: unos fueron a Norteamérica, y otros, al Líbano”. (pág.40)


Nasser acumuló todo el poder arrinconando a los Hermanos Musulmanes, convirtiéndose en presidente de la República. Lo que empezó Nahhas Pachá, Nasser anunció el 26 de julio de 1956, la nacionalización del Canal. Gran Bretaña, Francia e Israel, pusieron en marcha acciones bélicas, pero los EEUU desautorizo la aventura militar y Moscú amenazo con represalias. La victoria moral y política fue absoluta para Nasser, convertido en el nuevo caudillo de los países oprimidos.


Al decir de Maalouf, “en ese momento fue cuando el rais dictó la sentencia de muerte del Egipto cosmopolita y liberal. Adoptó una serie de medidas para expulsar del país a los británicos, a los franceses y a los judíos.” (pág.41) El resultado fue “un éxodo masivo de todas las comunidades conocidas con el nombre de “egipcianizadas”, algunas de las cuales llevaban varias generaciones, e incluso varios siglos, afincadas a orillas del Nilo.” (pág.42)


dilluns, 2 de gener del 2023

Reseña: El naufragio de las civilizaciones (II)

 I.- Un paraíso en llamas





“Nací en Beirut, el 25 de febrero de 1949. La noticia la dieron el día siguiente mismo, como se hacía en algunas ocasiones, en un suelto del periódico en que trabajaba mi padre. “El niño y la madre gozan de buena salud” (pág.24).

“Egipto, patria adoptiva de mi familia materna, estaba en ebullición. El 12 de febrero, dos semanas antes de nacer yo, habían asesinado a Hassan al-Banna, fundador de los Hermanos Musulmanes.” (pág.24)

“Su asesinato era la respuesta al del jefe de gobierno egipcio Nokrachi Pachá, a quien había matado un Hermano Musulmán mes y medio antes, el 28 de diciembre. (…) Un asesinato perpetrado a su vez como reacción a la decisión adoptada por el gobierno, el 8 de diciembre, de disolver la Hermandad.” (pág.25)

“Ese enfrentamiento –Gobierno y la Hermandad- empezó en Egipto el siglo pasado, en la década de 1920, y acabó por tener repercusiones en el mundo entero, desde el Sahara hasta el Cáucaso y desde las montañas de Afganistán hasta las torres gemelas neoyorquinas, que atacó y destruyó el 11 de septiembre de 2001 un comando suicida al mando de un militante islamista egipcio” (pág.25). Este fragmento, permite comprender que cualquier acontecimiento, por insignificante que pueda parecer en el momento de su aparición, puede generar derivadas que nadie puede prever, dando lugar a un cisne negro –Nassim Nicholas Taleb- es decir, un acontecimiento altamente improbable, que escapa por completo, a las previsiones de las sociedades. ¿Estamos incubando nuevos cisnes negros? 

Esto significa, que no existe leyes inmutables de orden causal, que haga que “cuando la flecha está en el arco, tiene que partir” (Sánchez Ferlosio), ni una fatalidad o destino que haga inútil cualquier intento para impedir lo que acaba por suceder. La complejidad de las sociedades actuales, impide cualquier prognosis sobre el futuro. Sin embargo, nuestro comportamiento tiende a eliminar aquello que no podemos anticipar y echar mano de recetas antiguas para actuar sobre los nuevos, generando, inevitablemente, errores y fracasos, pues, no existen sucesos que se repitan en una espiral o ciclos históricos. Cualquier acontecimiento en la actualidad, comporta derivadas de todo orden, que no es posible, sin más, despacharlas como una nueva versión de lo antiguo. 

El autor narra las vicisitudes de sus abuelos entre el Líbano y Egipto. Destaca un hecho singular. Así, puede decir, “Mientras que en el valle del Nilo había otros alimentos. En música, en literatura y en otras muchas artes se estaban asistiendo a una auténtica plétora en la que los inmigrados de cualquiera orígenes y confesiones se sentían invitados a participar con tanto derecho como la población local.” (pág.29). Subrayo en cursiva, el talente existente en ese “Levante” que pudo llegar a ser y que no fue.

El autor enuncia algunos nombres de ese panorama artístico e intelectual. Umma Kalzum “cantaba los runaiyat de Omar Jayam y la inolvidable Asmahan, emigrante siria, celebraba Las dulces noches de Viena, Leila Mourad (cuyo apellido paterno era Assouline), heredera de una larga tradición de músicos judíos, hacía estremecerse las salas con sus canciones de culto, que decía: Mi única guía es mi corazón”. (pág.29) Nombra a Claude François, que “escribiera inicialmente”, My Way, tema mítico de Sinatra, François era “un francés de Egipto” (pág.29), Paul Anka, la popularizase, en Estados Unidos, siendo el propio Paul Anka, un norteamericano de “origen sirio-libanés” (pág.30). Otros nombres, Dalida, Moustaki, Guy Béart, también habían nacido en Egipto. El poeta Guiseppe Ungaretti, había nacido en Alejandría (1888).

Nombres como Ahmed Chawqi, “el príncipe de los poetas” (pág.30) era un faro de ese Egipto que acabó por desaparecer. Dice Maalaouf, “Cuando estoy en Roma, voy a veces a los jardines de la Villa Borghese, donde se alza una estatua del poeta egipcio, con corbata de pajarita, una rosa entre los dedos y la cabeza levemente echada hacia atrás como en los recuerdos de mi padres”. (pág.31)


dijous, 25 d’abril del 2019

Egipto: El Cairo

Día 7

A las 5.45h el móvil nos ha despertado, en su nueva función de despertador oficial. El teléfono del hotel, ha sonado también. La sincronización era perfecta.

Ducha y desayuno. ¡Pero no cualquier desayuno! En la planta de recepción hemos entrado para el desayuno. La abundancia era exuberante. Había de todo, dulce, salado. Un Chef, preparando al instante tortillas. En fin, un lujo superlativo. ¡Y sólo eran las 6.20h de la mañana!







Nuestro instinto pueblerino, parecía alertarnos que nos habíamos colado en la sección vip, pero, no. Sucede que en la planta superior, hay otro comedor donde desayunamos la primera vez. Pues, en la planta baja estaba cerrado. Eso es debido a que la planta superior abre más temprano, mientras que en la planta de recepción abren a las 6h.








Hemos subido al autocar para ir a la mezquita de Muhammad Alí. Tiene un cierto aire a la de Santa Sofía (Estambul, Turquía). Las columnas son de alabastro. Está situada en una fortaleza que desde allí se ve El Cairo. La visión era difuminada y borrosa, debido a la contaminación. Hemos descendido del autobús, y hemos recorrido a pie la distancia desde la parada de los autocares hasta la mezquita. ¡Los vendedores ambulantes hacían guardia! Antes de entrar en ella, nos hemos puesto unos plásticos para los zapatos. ¡Todo estaba previsto!











Nuestro guía Ahmat, nos ha explicado su historia. La mezquita es amplísima. Sin obstáculos de mobiliario, aún la hace aparecer más grande y amplia. Unas lámparas enormes dan luz a la instancia. He podido fotografiar la cúpula cómodamente instalado en el suelo. 





Después de recorrer las arterias imposibles de la circulación, nos hemos trasladado al Museo Egipcio, uno de los platos fuertes de la jornada. El Museo se encuentra en pleno centro de El Cairo. Los hoteles de más alto standing se encuentran a tiro de piedra del Museo. La circulación era caótica. Hemos comprado los tickets para hacer fotografías. ¡Nadie nos ha pedido comprobar los dichosos tickets. Un nuevo control, más escáneres. Lo rutinario. 



El Museo es un almacén de historia del Antiguo Egipto. El polvo era la estrella del lugar, se adhería a todas las estatuas y monumentos, excepto los que estaban protegidas por vitrinas. A las afueras, en Giza, se está construyendo el nuevo Museo, gigantesco y  faraónico que posibilitará exponer todos los fondos que el Museo atesora. Pero en el viejo, parecía que ya empaquetaban. Tuve la sensación que todo el contenido no merecía demasiado mimo. Imposible visitar y contemplar la ingente cantidad de monumentos, esculturas y piezas de todo tipo que pueblan el Museo.


Jean-François Champollion (1790-1832)

Embalando piezas

El polvo cubriéndolo todo


La iluminación es catastrófica, las piezas son iluminadas sin orden ni concierto, los reflejos que se producen en los objetos, no permiten contemplarlos como deberían. Casi imposible hacer fotografías.


Reflejos imposibles


La estrella del Museo, es el pabellón de Tutankamón. Está prohibido hacer fotografías. El espacio dedicado es muy pequeño. Demasiada gente arremolinada en torno a todos los objetos, sarcófago, y joyas que se exponen. La máscara es de una belleza extraordinaria y da fe de una técnica prodigiosa. El sarcófago, es espectacular, por la delicadeza de sus relieves y dibujos. Belleza, ostentación, oro, un fabuloso tesoro que deja sin aliento.








Nosotros no somos Howard Carter, pero hemos disfrutado enormemente de ese legado a la eternidad que el faraón Tutankamón se regaló. Como no todo es Tutankamón, hemos recorrido el museo-almacén, en busca de otras piezas famosas. Una de las salas visitadas, es la de Akenaton.







La sala de Amenhotep IV/Akenatón (1350-1334 a.C.) es también impresionante, sobre todo por lo que representó dicho faraón, al ser el primero en edificar una religión monoteísta,  en un reino acostumbrado al politeísmo. Sus estatuas impresionan, sus facciones son realmente estilizadas. Una tipología muy diferente a sus predecesores, una figura andrógina, que ha dado mucho que hablar y especular.  La figura del faraón, ha sido evocada por Freud que en uno de sus estudios nos dice lo siguiente: “Durante la gloriosa dinastía XVIII, bajo cuya égida Egipto llegó a ser por vez primera una potencia mundial ascendió al trono, por el año 1375 a.C., un joven faraón que primero se llamó Amenhotep IV, como su padre, pero que más tarde cambio de nombre, [Akenatón]. Este rey se propuso imponer a sus egipcios una nueva religión, una religión contraria a sus tradiciones milenarias y a todas sus maneras familiares de vivir. Tratábase de un rígido monoteísmo”. (S.Freud, OC.IX, pág.3250). Más adelante nos dirá: “(…) Si Moisés era egipcio y se transmitió a los judíos su propia religión, entonces ésta fue la de Aketanón, la religión de Atón [culto solar de On]” (pág.3251). Las especulaciones de Freud, son muy interesantes y permiten explicar, según el parecer de Freud, que la marcha de los judíos de Egipto, habría tenido lugar después de la muerte de Akenatón, donde el vacío de poder, permitió a Moisés, el éxodo.

Hay que decir, que la Sala de Akenantón, es un espacio pequeño atiborrado de objetos. Una de las causas de mi perplejidad en el Museo, es que la información sobre el objeto que visitas, parecen haber sido hechas precipita-damente. En Google, cuando marcas el Museo, se traslada a Giza –la nueva ubicación, aún en fase de construcción y acondicionamiento- y no en la ubicación que aún tiene en pleno corazón de El Cairo.

Hemos recorrido las diferentes Salas, hemos podido contemplar las piezas esenciales al parecer de nuestro guía Ahmat. El escriba, los enanos, Kefren [Quefrén]. Las diferentes galerías visitadas, parecían que tenían que ser evacuadas de manera inminente, plásticos envolviendo a estatuas, listas para su nuevo destino. La grandiosidad del nuevo edificio en Giza, hay que confiar que podrán ponerse las piezas, estatuas y monumentos de manera más adecuada. Incluso nuestro atípico guía, nos decía, que probablemente, algunas piezas que se conservan en otros museos del mundo, están mejor preservadas allí que lo hubieran estado aquí [Egipto].





Quepos








Después nos hemos dirigido hacia un restaurante de “comida típica egipcia”. El local dividido en dos ambientes, el moderno y el “kitsch egipcio”. Muchos platos con abundante ración de especias y picantes, pan de pita, carne con arroz y unas patatas fritas que no venían a cuento. No se servían bebidas alcohólicas. Un café que pretendía ser turco y no pasaba de malo. El local era familiar. La comida era buena, pero había en exceso.


kitsch egipcio



Al salir del restaurante, junto al Nilo, lo que apetecía era caminar por las calles céntricas de El Cairo, estábamos muy cerca de la famosa plaza Tahrir, centro de las manifestaciones de la primavera árabe. Todo ese movimiento está enterrado por el golpe de estado del nuevo hombre fuerte, que aparece profusamente por todas partes, el general Abdelfatah Al-Sisi. 


Más tarde nos acordaremos de él. Sin embargo, ha sido imposible darnos ese capricho. Éramos un blanco muy fácil, así que no nos han dejado ir por libre. Hemos caminado unos doscientos metros hasta el autocar. Había que ir al hotel, pero aprovechando el viaje, nos han dado una vuelta por el centro y alrededores, cumpliéndose así la sugestión del anterior día. Era una victoria pírrica. Hemos pasado por la zona de embajadas, el tráfico era en hora punta, las 14.30h. 

   
           


Hemos visto el “cementerio vivo”, todo lleno de polvo y vida. El cementerio ha sido ocupado por centenares de miles de personas. A medida que nos alejamos del centro, las viviendas se hacían más surrealistas. Escombros en los tejados, abandono y desolación en medio de una vitalidad desconcertante. Riadas de coches circulando milagrosamente sin semáforos, y a pesar de ello, de manera bastante fluida.

Hemos llegado al hotel sobre las 16.15h. Nos hemos despedido de nuestro guía Ahmat. A las 18h nos llevaban a nuestra última actividad de nuestro viaje. Una cena en barco por el Nilo. Mañana nos espera el aeropuerto y regreso a casa.



A las 18.15h hemos salido del hotel. Uno de nuestros compañeros de viaje no ha venido, se sentía indispuesto. Dirección al centro el tráfico se ha hecho tan espeso que hemos estado 30’ para hacer unos 500 mts. Al parecer una autoridad –el Presidente- ha logrado paralizar el centro de El Cairo, es decir, en la plaza Tahrir. Hemos llegado con el tiempo justo, después de las colas interminables que hemos sufrido. El barco-restaurante ha salido sobre las 20.30h. La cena ha sido muy discreta, un buffet libre, con poca variedad. Un espectáculo para turistas también discreto, ha culminado con la danza del vientre a cargo de la bailarina de turno. Mientras el elenco de artistas hacía sus números, he salido a cubierta para realizar fotografías del skyline de El Cairo. Me ha sorprendido ver una lancha motora junto al barco. ¡Eran nuestros escoltas!  A la vuelta hemos ido al hotel en un tiempo record, 30’. Son las 23.30h cuando acabó de escribir este resumen de este último día en Egipto. Mañana regresamos a casa.