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dilluns, 6 de febrer del 2023

Reseña: El naufragio de la civilización (XII)

 III El año del gran vuelco





“El drama que los árabes de hoy llaman sencillamente “sesenta y siete” fue, pues, un giro decisivo en el camino del quebranto y de la perdición”. (pág.159)

Al decir del Maalouf, ese giro no fue sólo por un acontecimiento, sino que utiliza la palabra “síndrome” (pág.159) para remarcar la idea de acontecimientos que en paralelo se iban a sumar a ese “gran vuelco”.

Ese “gran vuelco”, también fui testigo, junto con toda una generación que había llegado a los veinte años en 1979. Los acontecimientos “causaron en el mundo entero algo así como un “vuelco” duradero de las ideas y de las posturas”. (pág.161)

Utiliza la palabra Zeitgeist, para referirse al espíritu de la época. Tal concepto, implica que “Todos cuantos viven en la misma época se influyen mutuamente de diferentes formas y habitualmente no son conscientes de ello.”(pág.161). Marx lo llamará superestructura –ámbito de la cultura, sea filosofía, arte, literatura, moda, o cualquier forma en la que se expresa un momento de la historia-. Así, “las ideas de la calse dominante son las ideas dominantes en cada época, o dicho en otro términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es también su poder espiritual dominante” (K.Marx, La ideología alemana) 

La revelación que tiene Maalouf es que entrabamos en “una era eminentemente paradójica en que nuestra visión del  mundo iba a transformarse e incluso iba a dar un vuelco total. En adelante, “iba a ser el conservadurismo el que se proclamara revolucionario, mientras que los seguidores del “progresismo” y de la izquierda no iban a tener ya más objetivo que la conservación de los conseguido” (pág.162)

Entre los acontecimientos que ayudan a entender lo que sucede en nuestro hoy, destacan dos por las consecuencias de largo alcance que han tenido y que el tiempo pasado 1979, permiten ahora valorar y calibrar. Dos revoluciones de signo aparentemente diferente, pero que expresan ese conservadurismo del que hablaba Maalouf, a saber, la revolución Iraní, del ayatolá Jomeini en febrero de 1979 y la revolución conservadora en el Reino Unido de la mano de Margaret Thatcher en mayo de ese mismo año.

Como los procesos históricos siempre son múltiples, el desarrollo de la tecnología de las comunicaciones –ordenador, internet, redes de comunicación- así como el advenimiento de los gigantes asiáticos, China e India, dieron aún más complejidad a un mundo cambiante. Esas confluencias, allanaron aún más, los vertiginosos acontecimientos que llevaron al derrumbe del bloque soviético (1989).

La revolución iraní, fue un rechazo profundo a la penetración del mundo Occidental. Su posiciona-miento contra todos los valores Occidentales –papel de la mujer, igualdad, libertad de expresión y de conciencia, derechos humanos-, fueron impugnados de forma radical por el nuevo régimen de los ayatolas. Más que revolución fue una contrarrevolución contra Occidente.

En la revolución política de Margaret Thatcher, suponía un rechazo frontal contra el Estado del Bienestar y el papel activo del Estado como garante de una mínima redistribución de la riqueza. De ahí el desmantela-miento sistemático de ese Estado que tanto había costado de instaurar. La clase obrera fue sepultada, a favor de la nueva clase emergente, los empresarios, los creadores de riqueza, y sobre todos, se rompía un contrato social implícito que había surgido de la Guerra Fría. El banderín de enganche para esa nueva oleada de neoliberalismo fue la idea que cualquiera podía ser “empresario de su vida”. Se reivindicaba la libertad –imaginaria- del individuo frente al pesado e inútil Estado que frenaba la creatividad individual.