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dimecres, 3 d’abril del 2024

Ayn Rand, precursora del Tea Party

 


Ayn Rand (1943)

En aquest llibre Eilenberger* ens ofereix els retrats de quatre pensadores que van viure aquells temps convulsos i que cadascuna va viure a la seva manera les transformacions de tota una època. Les quatre representen posicions molt diferenciades i contraposades: Simone de Beauvoir, Simone Weil, Ayn Rand i Hannah Arendt. Sobte el nom de Ayn Rand. Entre Simone Weil i Ayn Rand hi ha un abisme en la mirada del mon que contemplen. Curiosament, Ayn Rand, representa avui, les idees del Tea Party, és a dir, l’exaltació de la individualitat més ferotge envers el altres. Rand és la ideòloga del llibertaris, però el seu temps, no era gens propici per aquest exercici de solipsisme polític. Ayn Rand és l’autora del llibre “El manantial(1)” (1943), que havia anat treballant des de feia molt de temps (1935). El seu heroi de la novel•la era Howard Roark. Rand descriu el seu heroi amb aquestes paraules:

“La indiferencia y un infinito y sereno desprecio es todo lo que siente por el mundo y los hombres que no son como él. Entiende a estos muy bien. Y debido a que los entiende, deja de lado todo este asunto. Como alguien que se vale del todo por sí mismo, no anhela a otros de su clase que estén con él y lo comprendan.” (pàg.130)

En la novel•la “El Manantial”, el seu protagonista està davant d’un jurat, perquè com arquitecta d’una colònia Cortlandt, ha acabat per destruir-la perquè s’havien fet canvis sense el seu consentiment. Ha destruït un bé que podien haver gaudit el seus  habitants, però que amb la seva destrucció ha deixat orfes. Howard Roark, s’enfronta al jurat com si fos Sòcrates! Aquestes son les seves últimes paraules abans que el jurat deliberi sobre la seva culpabilitat o la seva innocència.

“Ahora saben por qué volé Cortlandt (...).

Estoy aquí para decir que no le doy a nadie el derecho a un solo minuto de mi ivda. O a un ápice de mis energías. O a cualquiera de mis logros. Sean quienes sean y cuantos sean los que lo reclamen, y por grande que sea su necesidad.

He venido aquí para decir que la integridad del trabajo creador de una persona es más importante que cualquier tipo de caridad. Quienes no entienden esto son los que destruyen el mundo.

He venido aquí para imponer mis condiciones. No estoy dispuesto a vivir por los demás.

No reconozco ninguna obligación hacia los hombres, excepto una: respetar su libertad y no involucrarme en una sociedad de esclavistas**. Me gustaría darle a mi país los diez años que tenga que pasar en prisión en el caso de que mi país ya no exista. Los gastaré en memoria y gratitud por lo que mi país fue una vez. Mi negativa a vivir y trabajar en el mundo que ha ocupado su lugar será un juramento de lealtad.” (pág.302)


Avui sembla d'allò més natural les propostes de Rand, però a la seva època, dins del marc general de New Deal (1933-1938), el seu discurs era molt minoritari. Això vol dir, que tots tenim una memòria molt selectiva, perquè el model socialdemòcrata que avui és tant menystingut per el capitalisme-financer, va ser amb ell, que la societat va ser més equitativa, igualitària i més justa del que mai havia estat possible. El debat entre si cal més estat o menys és un fals debat, perquè la il·lusió del que el mercat s'autoorganitza sense necessitat de controls externs -el estat-  ha sigut catastròfic per les societats, la crisi del 2008 va ser un exemple dramàtic en aquest sentit. 

 


dimecres, 27 de desembre del 2023

Ressenya: El temps de la promesa

Marina Garcés, El temps de la promesa, nous quadernes anagrama 65. Editorial Anagrama.  Barcelona, 2023.




Un llibre en format petit, però amb un contingut força més potent. Parla de la promesa i el seu potencial per anar una mica més enllà del actual atzucac on estem ficats tots plegats. No hi ha un manual per la insurrecció. Estem en un temps postmodern i això vol dir, que substituïm història per narracions. Vivim temps on sembla que tot està diluït sigui la revolució, la revolta o la manifestació. Hi ha  frustració perquè aquells que vàrem escoltar les seves promeses han sigut incomplertes o pitjor, traïdes. Estem en un mode desanimat sense alè, Byung-Chul Han parlava directament, de depressió, perquè el nostre jo, era incapaç de fer front a la negativitat o la frustració de les promeses que havíem cregut, sia, el progrés, la llibertat, la solidaritat. Això, s’ha acabat. Però, perquè s’ha d’acabar, pregunta Marina Garcés? A la revolució cultural del segle passat, al 1968, hi havia pintades que deien demanar l’impossible – la felicitat, la pau, el benestar, la democracia, l’autodeterminació personal, allò que per unes generacions molta gent va donar-ho tot, inclòs la vida-, allò sembla que està clausurat per el nou ordre de la globalització. Sembla que Marina Garcés, també és conscient d’aquesta pèrdua i per això reivindica el possible, perquè: “La veritat de la promesa és molt singular: no parteix del reconeixement de la realitat (del que és cer o verídic), sinó de la invenció d’un possible que potser, fins i tot, no hi estava previst. No se sotmet a l’imperatiu de la predicció, perquè no prediu futurs probables sinó que prefigura futurs desitjats.” (pàg. 90)

Aquesta imprevisibilitat del futur, contra la lògica del model algorítmic, li sembla a l’autora del text, una escletxa contra aquest món que no més pot fer-nos falses promeses i la impossibilitat de cap alternativa.  


dimecres, 20 de setembre del 2023

Obituari: Gianni Vattimo (1936-2023)

 




I

LAS VENTAJAS DE LA SOSPECHA

GIANNI VATTIMO 

 Lo que Nietzsche llamó "escuela de la sospecha" es quizá lo que caracteriza de manera más general el pensamiento de este siglo, a tal punto que puede considerarse su principal "descubrimiento" o herencia para el próximo siglo. Es como si nos hubiéramos dado cuenta de que, como escribe Nietzsche en “Más allá del bien y del mal”, detrás de cada caverna se esconde otra caverna y así sucesivamente. Entendida de esta manera, la escuela de la sospecha no se identifica ni con la simple crítica de la ideología de sello marxista, ni con el psicoanálisis freudiano, según la cual iluminar el inconsciente significa también apoderarse de él y disolver su poder de condicionarnos.  Marxismo y psicoanálisis freudiano encajan, por cierto, dentro de la definición pero, sin la radicalización que sugiere Nietzsche, seguirían siendo sólo nuevas teorías de la verdad y la realidad. Una sospecha muy limitada, por ende, que no se apartaría, en esta versión, de la sospecha que siempre caracterizó la búsqueda -platónica, pero también de los presocráticos- de las "esencias" de las cosas. La sospecha de este siglo -reconocible en tantas posiciones intelectuales de estas últimas décadas- sospecha también de la verdad "verdadera". Heidegger nos enseñó a llamar a este proceso el fin de la metafísica. Efectivamente, si de todo se debe preguntar el por qué, la noción misma del ser se transforma radicalmente. Ya no hay nada ante lo cual el pensamiento pueda aquietarse como frente a un dato definitivo, a un fundamento, a una autoridad indiscutible. Dado que esa imposibilidad de encontrar un fundamento sólido también es insoportable, no se puede eludir la pregunta acerca de las buenas razones que tiene, si las tiene, la escuela de la sospecha. ¿No habrá que sospechar ante todo de la sospecha (demasiado) generalizada? Es la tesis de quienes (iglesias, ideologías tranquilizadoras, autoridades varias) lamentan la tendencia nihilista de la cultura del siglo XX. Y sin embargo, cuesta oponer a esta tendencia nihilista la indicación de algo que posea títulos como para resistirla. Dicho de otro modo: ¿no es acaso experiencia común la caída de los absolutos en nuestra época? Los creyentes objetarán que no es cierto que "Dios ha muerto", como pretendió anunciar Nietzsche. Sin embargo, tampoco la teología cristiana pudo asistir al Holocausto y a los tantos otros horrores del siglo sin tener que rever sus propias ideas acerca de Dios. Pese a ser difícil de soportar porque parece no dejarnos ningún terreno sólido bajo los pies, el nihilismo tiene sus "ventajas". La disolución de los absolutos metafísicos implica también el fin de las autoridades indiscutibles. Si no al triunfo de La Razón, que no llega nunca a certezas definitivas, asistimos por lo menos al triunfo de Las Razones, o sea de la exposición, de tanto en tanto, de los motivos y los argumentos que hacen recomendable una elección más que otras. Así, en el nihilismo del siglo XX entran también teorías que parecen alejadísimas de él, como la del "actuar comunicativo" propuesta por Habermas, según la cual la racionalidad no es sino la "presentabilidad" de una tesis, de un valor, a otros, en términos capaces de ser discutidos "razonablemente" y eventualmente aceptados, y las muchas teorías de la argumentación que se desarrollaron sobre la base de la reflexión sobre la lógica y el lenguaje. Ya no encontramos fundamentos últimos e indiscutibles, sino que debemos tener en cuenta las expectativas, los intereses, el consenso de nuestros semejantes. Podríamos decir, quizá, que al ser y la realidad ya no les interesa la objetividad de las cosas sino más bien la caridad y la atención hacia las personas. De todos los legados que deja el siglo XX, en muchos casos densos y negativos, el nihilismo tal vez sea justamente el más productivo y cargado de futuro. 

 (c) Gianni VATTIMO para Clarín, 1999. Traducción de Cristina Sardo

http://www.alcoberro.info/pdf/vattimo2.pdf (Consulta de 20 de setembre 2023)