diumenge, 9 de juny del 2013

Auto de fe (1)


Auto de fe de Elias Canetti, OC III, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Cada semana tengo la intención de reseñar los capítulos de esta obra esencial de Canetti.  Será algo así como una novela por entregas (30). 
 
En el capítulo “El paseo” (1) aparece el personaje central Peter Kein, sinólogo, excéntrico, que tiene una pequeña charla, él que no se molesta en hablar a nadie, con un niño, delante de una librería. A Kein le llama la atención el interés del niño por los libros, su pasión. Después de despedirlo con un vago compromiso para que el niño pueda ver su biblioteca, vuelve a su rutina habitual paseándose entre las siete y las ocho, de la mañana, a la búsqueda de algún libro, mientras se pasea, oye una conversación extraña. Alguien pregunta por una calle, al parecer el interpelado no dice nada, y el interlocutor amablemente vuelve a preguntar, Kein está pensando que la calle por la que preguntan es justamente la que están transitando. El tono de la conversación sube de tono, las preguntas se hacen más  apremiantes, “Oiga, ¿está usted sordo?” (pág.15). Sube el nivel de indignación de la persona que ha preguntado por la calle Mut. Finalmente, desesperado lanza un empujón contra la persona que no responde, ¿resulta que era nuestro mudo profesor Kein!

 
Kein en su despacho labora en su estudio anotando minuciosamente todo cuanto le ha sucedido. Su memoria era prodigiosa. En su tarea esa capacidad es de mucha ayuda. Sus notas las apuntaba en un cuaderno  cuyo título era ESTUPIDECES. Apuntó lo sucedido en su paseo matutino. Claro que entre lo sucedido y su interpretación quien salía peor parado era quien tuvo la ocurrencia de preguntar por la dichosa calle Mut.

Su biblioteca era la más importante de la ciudad. Vivía en la calle Ehrlich, número 24, cuarto. Su casa era su biblioteca. Vivía para ella y se sentía como pez en el agua. ¡Cómo alguien puede no tener una pequeña biblioteca! Toda su vivienda está al servicio de ella. El único que apenas tenía espacio era Kein. Mientras los libros ocupaban toda la casa.

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