dilluns, 19 de març del 2012

Dolor en Toulouse


La muerte se esconde en cualquier parte, pero cuando se mata a niños que van a la escuela y que su único delito es ser judío, entonces la muerte se disfraza de fanatismo. El resultado del odio ha sido la muerte de tres niños y su profesor. Como la casualidad juega con nosotros, dos de los niños eran hijos del profesor y la otra una niña que era hija del director del centro Ozar Hatora de Toulouse. Al parecer el arma asesina ya había sido utilizado en dos atentados ocurridos en las inmediaciones de Toulouse asesinaron a un militar y posteriormente a otros dos más, todos ellos de origen magrebí. ¿Estamos delante de un asesino racista?


 
El asesinato de niños resulta imposible de comprender. Que lo sean porque son judíos, la historia reciente de Europa ha sido prodiga en actos de barbarie sin parangón en la historia de la humanidad. ¿Qué pensaran los padres de los otros niños de ese colegio para judíos? Francia, como cualquier país moderno, no está exento que cualquier fanático pueda asesinar. ¿Quién puede asesinar impunemente a los niños?

Sus muertes nos recuerda la locura humana, aunque pueda ser revestida de excusas ideológicas. El siglo XX demostró sobradamente que el fanatismo y las ideologías conducen a desastres que nos deshumanizan. No sentir compasión por sus familiares ni amigos ante el absurdo de unos hechos que no tienen explicación, nos encaminaría otra vez hacia la barbarie. ¿Acaso no estamos ya vacunados después que Primo Levi, J.Améry, J.Semprún, Evgenia Ginzburg, A.Solzhenitsin, y tantos otros, nos hayan explicado en que acaba el odio y el fanatismo?

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